La necesidad de investigar

Ricardo Osvaldo Rufino. mir1959@live.com.ar

Los estadounidenses están en un problema serio: no saben realmente qué sucedió el 11 de septiembre de 2001…
Ignoran si los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono fueron cometidos realmente por terroristas islámicos (como determinó la endeble investigación oficial) o fueron un auto-atentado protagonizado por el propio gobierno de George Bush (hijo), con el objetivo de ingresar a una guerra contra Afganistán, en primer término y a otra contra Irak, más tarde. O, en la tercera de las posibilidades, si las máximas autoridades de la nación hicieron la “vista gorda” y permitieron que los hechos sucedieran, pudiendo haberlos evitado. 
Es una incógnita cruel, de ser cierta la segunda o tercera hipótesis, ¿qué grado de credibilidad puede tener el poder establecido para la sociedad norteamericana? Me interrogo: ¿qué difícil debe ser para los ciudadanos de aquella nación vivir cotidianamente con la sombra oscura de esa duda?
Sin embargo, he buscado información a través de Internet y he leído que se han conformado en Estados Unidos varias agrupaciones constituidas por personas particulares, periodistas, escritores, intelectuales, de distintas profesiones u oficios , que se han nucleado con el objeto de investigar exhaustivamente todos los puntos oscuros que tiene el 11-S. Estos ciudadanos no confían ni en el gobierno, ni en el Congreso, ni en la justicia, entonces sin ningún tipo de apoyo estatal u oficial emprenden la complicada tarea que significa intentar llegar a la verdad de un episodio brutal que golpeó no solamente a Estados Unidos de América sino a todo el planeta. Y que modificó las condiciones internacionales -por ejemplo de tránsito- y hasta coartó la libertad de millones de personas.

Vamos a la Argentina: que yo sepa aquí no se ha formado de modo espontáneo ninguna agrupación destinada a investigar lo que sucedió realmente en los atentados a la Embajada de Israel (1992) y a la AMIA (1994). Dos hechos gravísimos, que como todos sabemos para nada están aclarados. Que golpearon cruelmente a una sociedad que, estupefacta, observaba de manera absolutamente inesperada un “festival” de sangre y muerte en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Con el agravante de haber sufrido ese escarnio en dos oportunidades.

Han transcurrido ya muchos años desde estos episodios y la justicia nacional no muestra resultados concretos. En el caso de la Embajada, poco y nada se sabe. En el caso AMIA, existen indicios trascendentes y recientemente la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ofreció a las autoridades iraníes realizar el juicio en un país neutral, siempre y cuando éstas entreguen a los acusados de haber cometido tan deleznable atentado.
La comparación posibilita concluir en que la cosmopolita y versátil sociedad estadounidense posee aún un alto grado de buena salud, la sociedad argentina en cambio y lamentablemente aún no ha llegado a ese grado de avance…Ellos no esperan todo de sus autoridades y toman el “toro por las astas” en los asuntos que verdaderamente les duelen. Nosotros no.

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