¿Estamos frente al fin del trabajo en el mundo?

 

Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar

Les propongo un desafío interesante. Hacer un repaso e intentar averiguar qué sucedió con las predicciones que hiciera en el año 1995 Jeremy Rifkin, cuando en su libro titulado “El fin del trabajo”, aseguraba que el trabajo, tal como se lo entendía hasta esos momentos, se estaba acabando en el mundo.

Hoy, cuando leemos tantas noticias de crisis económica, de millones de empleos eliminados del mundo  (sólo en EEUU, en los dos últimos años se perdieron 5.7 millones de empleos), muchos nos acordamos de aquellos presagios.

Rifkin presagiaba que las nuevas tecnologías eliminarían millones de puestos de trabajo en el mundo. Incluso hablaba de una desindustrialización en marcha, una nueva vida del hombre, con mucho tiempo libre y pocas horas dedicadas al trabajo.

Analicemos: El argumento del escritor se basaba en que existía una sobrecapacidad y poca demanda en la gran mayoría de los sectores de la economía: acero, autos, productos electrónicos, farmacéuticos, químicos. Aseguraba que las tecnologías de las ciencias de la vida (genética, biotecnología)  protagonizarían la próxima revolución económica y del trabajo.

Hace nada más que 30 años, un tercio de la población de EEUU trabajaba en fábricas. Hoy el porcentaje es del 17% y sigue cayendo.

Se produce mucho más con menos humanos, y hay más ganancias. El proceso de desindustrialización del que hablaba Rifkin es un hecho constatable. Estamos avanzando hacia el fín de la fabricación y hacia las fábricas sin obreros (que ya existen) hacia el 2020, como también yá se pueden ver en una gran cantidad de campos de cultivos que ya no muestran agricultores, porque han sido reemplazados desde hace décadas por las máquinas agrícolas y GPS.

Uno debería interrogarse: Si la fuerza bruta del hombre para el trabajo ya no sirve, si el trabajo operativo es reemplazable y se obtiene mayor rentabilidad… ¿Entonces cual será el diferencial, si la mayoría de los puestos de trabajo pasarán a la historia, no habrá obreros? ¿Qué tipo de personas serán buscadas por las corporaciones en el futuro? Las mentes brillantes, seguro. Los científicos, técnicos, ingenieros, especialistas, investigadores, los educadores; los llamados trabajadores del conocimiento. Porque el resto del trabajo lo harán mayormente las máquinas. La desindustrialización del mundo está avanzando a pasos agigantados.

En una conferencia que brindó en Montevideo, Uruguay, en 1998, Rifkin explicó por qué estamos frente al fin del trabajo y por qué al mundo le van a sobrar  millones de jóvenes que se gradúen de las universidades.

En una extensa charla, a la cual vale la pena prestar atención, explicó todos estos aspectos y muchos más. Dijo por caso que: “Sabemos que se viene el tiempo libre, mucho tiempo libre. La pregunta que nos planteamos es si va a ser para disfrutarlo o para hacer filas de desempleados”.

Rifkin auguró décadas de inestabilidad y disturbios sociales por la falta de empleo y la disminución de las oportunidades y aseguró que  “el trabajador más barato en el mundo no será tan barato como la tecnología en línea que lo reemplace. El trabajo se convertirá en el privilegio de una elite”.

“Tenemos software hoy que hace lo que hacía un contador y abogado promedio hace ocho años, y es más barato. Tenemos software hoy que hace lo que hacía un ingeniero promedio hace cinco años, el CAD, que es mucho más barato. Tenemos software hoy que hace lo que hacía el médico diagnosticador hace dos años, y más barato. Acabamos de empezar esta revolución” aseveró Rifkin.

Vale mencionar un ejemplo que es simbólico sobre cómo avanza en el planeta la supremacía del universo tecnológico sobre el mercado laboral: existe un banco en Londres que es virtual. Tiene 180 empleados y una cartera de clientes del tamaño de un banco mediano. Se maneja a través de una página de Internet y un call center. Es uno de los bancos que mayores beneficios ha dado en los últimos años, que no tiene sucursales y no necesita de la mediación humana con el cliente para subsistir.

Al respecto, es atinente repasar un concepto clave en este tema. Amílcar Oscar Herrera fue el fundador del Instituto de Geociencia de la Argentina y uno de los primeros científicos latinoamericanos en alertar sobre el fuerte impacto que operarían los cambios tecnológicos sobre la estructura social de los países. Y opinó lo siguiente:

“Ahora el desempleo es estructural y, en consecuencia, un desempleado es alguien que nunca tuvo la oportunidad de ingresar al sistema productivo. Éste es un desempleo tecnológico. Fíjese que los mayores problemas en los países centrales no giran alrededor de la producción, sino de la distribución. Y entonces asistimos a la paradoja de que hay países que producen todo lo que necesitan para satisfacer altos niveles de vida pero, al mismo tiempo, requieren de muchos menos empleos para lograrlo. Nos encontramos con el hecho absurdo de que producir las cosas que necesitamos con menos trabajo nos crea un problema”.

Una descripción ajustada de la realidad que se vive actualmente en los mercados laboral y productivo la de Amílcar Herrera. En conclusión, esta nueva economía logrará productos más avanzados para la vida de las personas, se podrán vivir más años, mejor, hacer mayores negocios a nivel global, pero no necesitará de la intervención humana para su comercialización o producción.

¿Qué pasará entonces con millones de personas en todo el mundo cuya alta calificación se va diluyendo con los años, subempleados o en estado de desempleo crónico? Esa es la pregunta clave, por ahora sin respuesta.

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