Europa: puerta de salida

Ricardo Osvaldo Rufino mir1959@live.com.ar

Hace un siglo eran campesinos que se iban en barco, con valijas de cartón y el sueño de “hacerse la América”. Ahora son jóvenes cosmopolitas y graduados, que se van con sus laptops y vuelan a buscar fortuna a cualquier parte.

Así son los nuevos emigrantes de la Europa del siglo XXI, un continente cada vez más viejo, integrado, pero al mismo tiempo, sacudido por la globalización, que ya no tiene respuestas para muchos de sus jóvenes, excluidos por un sistema de bienestar social que les ha dado todo a sus padres y abuelos, y que ahora parece agotado.

Se trata de jóvenes preparados, con títulos universitarios, que hablan varios idiomas, tienen empleos precarios, trabajan en negro o no encuentran empleo en sus respectivos países, que sienten que no tienen futuro en su patria. Jóvenes que, virtuales exiliados económicos del siglo XXI, ven la única salida en el aeropuerto.

Silencioso, este éxodo se da en varios países del Viejo Continente, que expulsan jóvenes brillantes, en una “fuga de cerebros” cada vez más alarmante.

En un mundo globalizado, donde desplazarse es fácil, los talentos no sólo se trasladan dentro de Europa, sino que también eligen como destino para una nueva vida África, América latina o Asia, tomando el camino inverso que emprenden miles de inmigrantes pobres desesperados.

El fenómeno de la emigración de jóvenes preparados y cultos afecta principalmente a los países más afectados por la crisis económica, que en los últimos días volvió a poner en duda hasta la propia supervivencia de la eurozona. Se da en Italia, un país que prácticamente no crece desde hace una década, marcado por uno de los déficits más altos del mundo; en España, donde el desempleo ha alcanzado al 20% de la población y en los últimos dos años han emigrado 111.000 personas; en Grecia, salvada” in extremis” de la quiebra por la UE en mayo último y país del que emigra el 9% de los graduados universitarios; en Portugal, otra nación del bloque con la soga al cuello y las cuentas en rojo, que ocupa el tercer lugar entre los países europeos con mayor fuga de cerebros, detrás de Irlanda y Eslovaquia.

Un ejemplo típico de esta particular emigración se puede visualizar con lo que está sucediendo en Portugal: por caso, la economista Susana Gonçalves, de 36 años, parte para su segunda temporada de trabajo en Angola, después de seis meses de vacaciones en Lisboa, y declaró a una revista local que “El mercado portugués es muy pequeño, poco atractivo. Veo más oportunidades en el exterior”, dice Gonçalves, que trabajó un año y medio en el país africano y antes en España.

Ocho meses atrás, en Luanda, capital angoleña, el vendedor de seguros Pedro Luiz Gomes, de 38 años, se encontró con vecinos de Lisboa y con un amigo de la infancia, que habían sido atraídos por salarios tres veces mayores y por la posibilidad de tener una experiencia en el exterior. “En Portugal, alguien con estudios superiores es uno más entre muchos. En Angola, en cambio, somos útiles y valorados”, dice Gomes.

Cerca de 100.000 portugueses (el 1% ciento de la población) emigraron en 2007 y 2008, según un estudio realizado por el economista Alvaro Santos Pereira, de la Universidad Simon Frasier de Canadá. El principal destino siguen siendo otras naciones europeas, pero Angola ocupa el cuarto puesto. Casi 24.000 portugueses ingresaron en esa ex colonia en 2009, según el Observatorio de Emigración.

Las remesas de dinero enviadas a Portugal por los emigrantes desde los países africanos de lengua portuguesa (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Guinea Bissau y Santo Tomé y Príncipe) se cuadruplicaron entre 2005 y 2009, según el Banco de Portugal. El año pasado, las remesas desde Angola sumaron 140 millones de dólares, mientras que las procedentes de Alemania totalizaron casi 165 millones

La oleada emigratoria está motivada por las dificultades internas del país, donde hace cinco años que el desempleo supera un índice del 7%, y el crecimiento está por debajo del 2,5%. La integración europea, además, estimuló la emigración a otros Estados de la UE. El flujo emigratorio actual se compara con el de los ’60 y ’70, cuando emigraron 1,3 millones de portugueses. En ese momento, la mayoría eran trabajadores poco calificados, pero en la actualidad hay mayor proporción de emigrantes con mejor formación. Portugal ocupa el tercer lugar entre los países europeos con mayor fuga de cerebros, detrás de Irlanda y de Eslovaquia.

Medito lo siguiente: algún desequilibrio muy serio debe existir en la economía mundial para que una nación como Portugal, que posee un PIB per cápita de 22.190 dólares, con un alto desarrollo tecnológico y científico, que ocupa el puesto 22º en el concierto internacional, que es una república parlamentaria y que pertenece a la Unión Europea desde 1986, debía “enviar” buena parte de sus egresados universitarios ( y con ellos, buena parte de su reserva de materia gris), a un país como Angola, que posee un PIB per cápita de solamente 789 dólares, ocupa el puesto 87º en el orden mundial, que es una república presidencialista y logró su independencia (precisamente de Portugal) recién en 1975…

 

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